martes, 28 de junio de 2011

Sigo escuchando sus maullidos, los ruidos que hacía cuando se subía a mi cama, cuando abría la puerta, cuando el piso chirriaba bajo su peso. Sigo escuchando a canela en mi ventana tratando de entrar, la sigo viendo cada vez que miro el bafle (ahí se sentaba ella siempre); cada vez que doy vuelta la cabeza rápido me parece verla pasar caminando hacia cualquier lado.
La extraño tanto. Se que su muerte fue mejor para ella, que todos estamos mejor porque ya no están los nervios de esa semana, pero no puedo evitar extrañarla, duermo sola todas las noches, todas las mañanas cuando mi mamá y mi hermano se van me quedo sola en la casa y aveces no puedo dormirme porque no la tengo a ella acompañándome.
Ella era mi hija, la amaba tanto que no se que hacer.. ayer me imaginaba teniendo otro gatito siamés y me dio mucha repulsión la idea, como podría tener a un gato que se parece tanto a ella? sería el recordatorio vivo de su muerte. No, nunca más pienso tener un siamés. Aunque me parece la raza más hermosa que existe, aunque ya me acostumbré a esa raza no podría volver a tenerla. Llamaría al gato canela y no podría superar nunca ésto. Pero al mismo tiempo no me acostumbro a no tener mascotas, el amor por los animales es algo que nunca va a cambiar en mí, y me siento vacía sin poder compartir mi vida con alguno de ellos; obvio que la tortuga no cuenta porque está ivernando y no le ves una patita en todo el invierno.
El que quiera regalarme un gato ya sabe, nada de siameses.

No hay comentarios:

Publicar un comentario