jueves, 16 de enero de 2014
Cuando un gato/mascota se muere ya sabés, está muerto. No hay opción. En cambio, cuando se pierde, no sabés si está vivo, muerto, con hambre, o donde está, o con quien, o si se asustó con los fuegos artificiales de mierda, o si lo pisó un auto y ahora le falta una pata. Es vivir con la incertidumbre de no saber si sufre, sufrió o lo va a hacer. O si está bien.. Nunca lo voy a saber. Mil veces preferiría que estuviera muerto en mis brazos a pensar en todas las cosas que le pueden llegar a pasar. No quiero pensar. Me rehuso a pensar. Niego cualquier sentimiento y sigo, vacía, impenetrable.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario