Siento que nunca puedo ser del todo feliz. Puedo tener una noche donde me voy a la cama contenta, pero al otro día me levanto y ya me pongo mal por algo. Aveces leo algo, veo una escena de una película, escucho una canción o algo así y me pongo muy mal. Aveces pienso en la inutilidad de mi vida (o la de otros) y me pongo mal. O aveces me levanto y leo la noticia del 114, y me pongo a llorar de la felicidad. Pero nunca es completo. Siempre falta, pasan los años y sigue faltando. Voy dejando atrás mi adolescencia y sigo adoleciendo.
El lunes empecé la facultad; el cuatrimestre pasado había hecho el curso de ingreso y lo aprobé. Este lunes me levanté perfectamente bien, hacía un mes que ya quería empezar las clases. Cuando estaba saliendo de mi casa, me agarraron muchas ganas de vomitar y mucho dolor de cabeza. El malestar siguió hasta que volví a mi casa de la facultad. Esto mismo pasó el martes y hoy, miércoles; aunque la diferencia de hoy es que directamente no fui. Yo sabía que era una simple sensación de miedo que me generaba náuseas, pero igual no pude ir. No entiendo porqué mi cuerpo, o mi mente (o los dos), se rehúsan a ir a la facultad, a crecer, a separarme de mis papás. Porque es todo más de lo mismo. No es que no quiera crecer, es que no puedo. Que es muy diferente, y que me angustia aún más. Pasan los años y yo sigo angustiada, deprimida, molesta; con lapsus de felicidad y alegría extrema. No entiendo lo que me pasa, estoy absolutamente confundida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario